Desde un cuarto del centro porteño, a cuadras del Obelisco o desde el embole en una oficina de Retiro pueden salir estas reflexiones poco ortodoxas. Una porteña que se la juega en el potrero: sin reglas claras pero con la garra del que se hace desde abajo. En esta ciudad que me ha ido asimilando, como a esa cicatriz a la que poco a poco te acostumbras.
12 mar 2008
De la rutina laboral y el "no quiero ser un ñoqui" feeling
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Mitad de semana, mate amargo en mano y Radio Fritz suena en la PC del laburo. Si, lo se: debería ser radio Freak ya que a ningún porteño normal se le ocurriría pasar su jornada laboral con la radio de Berlín, la Kiss de London o a la Kink de Amsterdam, pero en el campo musical soy muy "lo que esta in" en lo indie europeo. Por lo demás no soy tan excéntrica como parece. Con frecuencia me proyecto dentro de algunos años en una estación de trenes europea a las 7 AM con una taza de café con leche y tostadas de salvado y mermelada acida. Seguramente hubiera sido mejor decir con un Döner Kebab y una Coke en mano pero, si, vamos a imaginarme con un poco de chapa!
El día a día es, para decir verdad, un poco monótono y cansador. No hacer nada quema mas las neuronas que pensar, believe me. La empresa genera ingresos, cuando no tiene insumos suficientes, se cae el sistema cada diez minutos y el Project Manager que no solo nunca fue a la universidad sino que no tiene ni la más mínima noción de como coordinar un equipo de trabajo. Catastrófico fue cuando el pasado Noviembre nos transformamos de una empresa vertical, es decir, sin autoridad formal con trabajo por objetivos, en un intento de organización vertical acéfala. Si, exacto un desastre, algo incoherente e inviable para el crecimiento. Yo mientras escribo y pienso en alemán pero siempre en torno al mismo tópico. Verdad, los clientes no van a enviar por E-mail un ensayo de Hegel para que yo disfrute de la rutina pero adonde quiero llegar es que el modus operandi de la empresa donde laburo es inentendible. Me pagan por no hacer nada. Navego en Internet y tomo 5 clases de café de maquina en una taza de Boca tamaño Jumbo. Cierto, incluso rascarme hasta el fin de la jornada como la mitad de mis colegas mirando videos en YouTube suena bien pero prefiero usar mi tiempo de supuesta productividad laboral para leer el Financial Times, un poco de Ámbito, algo de Infobae, La Nación y empezar el día informado. Luego de deglutir proteínas o una galleta de arroz untada con casancrem y semillas de girasol y lino espolvoreadas, arremeteré contra mis apuntes de costos de la UBA y la planificación de un plan de negocios. Es el primero, ergo muy complicado. Sobre un proyecto familiar, mas complicado aun. Exactamente, de mi independencia laboral estoy hablando.
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